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martes, 29 de enero de 2008

Por amor a su gente


Por María de los Milagros Ardanza*

Esta historia se ha contado de generación en generación, de boca en boca, de abuelo a padre y de padre a hijo. Esta es la historia de Don Hilario, el comisario de un remoto pueblo, llamado por sus habitantes “La tierra de nadie”. Este pueblo era pequeño, tan pequeño, que casi no figuraba en los mapas, sólo en los de la región... La figura de esta historia, más allá de los hechos, merece un premio a la honradez, la valentía, la humildad y el respeto por el otro. Don Hilario Sánchez era un tipo común, como se lo llamaría hoy en día, trabajaba en su pequeña oficina día y noche resolviendo todos los crímenes del lugar, ya que en este pueblo malhechores no faltaban. Los crímenes por resolver eran tantos que abarrotaban los despachos de los altos jefes de la policía. “Un ciudadano es encontrado muerto en el arroyo más cercano a la ciudad”, “Encañonan a una anciana para robarle su dinero”, “Asesinan al ex-comisario del pueblo...” y así continuaban los titulares de los diarios que se encontraban sobre el escritorio de Don Hilario.

-¿Qué voy a hacer con este pueblo Martínez?, ya no se puede ni vivir acácomentó Don Hilario a su secretario una mañana en su despacho.

-Las autoridades ya no saben qué hacer con tanto malhechor- respondí.

-Encarcelarlos no es la solución, hay que darles un castigo más justo, si se los mete en la cárcel, al poco tiempo están en libertad, y así nuestras cárceles están como están, abarrotadas de gente, no se da abasto con la comida, los internos se pelean. ¡Esto es un caos!

-¿Y a usted se le ocurre alguna idea para mejorar esta situación señor?

-Ya verás Martínez, ya verás...

Sé que las palabras de Don Hilario pueden sonar algo raras, pero créanme que él sabía lo que decía. Durante los últimos meses Hilario no había hablado prácticamente de otra cosa que no fuera su muerte.

Era lo único que le preocupaba, cómo sería su fin, el fin del gran Hilario Sánchez, el mejor comisario en la historia de este pueblo. Así era como lo llamaba yo: “El mejor comisario en la historia de este pueblo”. El decía que yo exageraba; era muy modesto en ese sentido. Don Hilario siempre insistió en que “en la vida no hay buenos ni malos, sólo hay malos buenos y buenos malos”. Siempre me costó entender ese razonamiento. Aunque ahora, a mis 70 años de edad, creo que la vida misma me hizo entenderlo.

Bueno, pero no demos más rodeos, comenzaré con la trama de la historia de los años finales de Don Hilario Sánchez: Don Hilario estaba, como siempre, clavado en la puerta de entrada de su oficina a las 7.00, y eso que el horario de entrada para los oficiales era a las 7.30... Pero ¡no!, a Don Hilario siempre le había gustado llegar antes, se quedaba organizando los papeles, hasta que yo llegaba y poníamos manos a la obra. A primera hora llegaron a la oficina los primeros reportes
de robos en toda el área. El primer caso era el aparente suicidio de un guardaparques del pueblo, conocido por su fama de gran apostador. era de esperarse, las hipótesis de todos los oficiales chocaban contra las de Don Hilario. En primer lugar, todos consideraban que el caso debía
cerrarse y caratularse como suicidio. Don Hilario, en cambio, opinaba que el sujeto había sido obligado por su asesino a redactar la nota suicida que fue hallada en la escena del crimen. De repente dijo:

-Manden a analizar la nota. Necesitamos saber urgentemente a qué hora exacta fue escrita. Y necesitamos saber la hora del deceso de la víctima. ¿Podría encargarse de eso Martínez?

-Sí, señor. Así, cada caso pasaba, se daba por sentado algo, pero como siempre, la conclusión
era errada y Don Hilario debía intervenir para atrapar al verdadero culpable.

Así llegó un día, era mediodía y casi todos los hombres del departamento de policía se encontraban rodeando una casa en la que un individuo se había atrincherado con dos personas como rehenes. Digo casi todos, porque por primera vez desde que trabajaba en la policía, Don
Hilario no se había presentado a trabajar.

Esto era muy extraño; intentaban comunicarse con él pero en su casa no contestaba nadie. Dos o tres días pasaron antes de que la situación se tornara alarmante y los vecinos se organizaran en enormes pelotones para ir en busca de su amado comisario. Unos por un lado, otros por el otro,
buscaban sin obtener resultados positivos. Un día y sin previo aviso, Don Hilario reapareció. Se presentó a trabajar normalmente, como lo había hecho hasta antes de su desaparición. Por supuesto, las preguntas de sus colegas no se hicieron esperar.

-Eh, Hilario, ¿Qué te pasó? Nos tenías a todos preocupados. El pueblo organizó una patrulla para buscarte y hasta se llegó a creer que habías muerto. Menos mal que estás acá, porque desde que te fuiste esto es un descontrol, pero ahora vas a poner todo en orden ¿verdad?, porque el
orden es muy importante en una sociedad como esta... Lo interrumpió su otro colega:

-Eh, Pérez, callate un poquito que lo vas a matar, pobre tipo, dejalo que nos cuente qué le pasó.

-No me pasó nada, muchachos- contestó Hilario, -Me tomé unas vacaciones porque no daba más. No le avisé a nadie porque necesitaba paz, así que me fui a un campo a 12 kilómetros de aquí, cerca de las montañas. Ahí sí que se respira aire puro.

Bueno, ahora dejo de contarles la historia de mi vida porque hay mucho trabajo pendiente.
Así, Don Hilario siguió durante medio año, más o menos, resolviendo los casos más complicados. Hablaba con los habitantes, es más, hasta parecía más relajado después del viaje. Hasta que un día ocurrió algo que nadie esperaba. En todos los canales de noticias apareció el siguiente titular:
“Fue encontrado en el arroyo del pueblo el cadáver de Don Hilario Sánchez” Todo el pueblo estaba conmocionado, era totalmente imposible, todo el mundo llamaba a los canales para comunicarles que había un error, pero éstos afirmaban que era cierto, que el cadáver encontrado
pertenecía al comisario Don Hilario Sánchez.

El revuelo era tal, que decidieron ir a verificar si el cadáver definitivamente era el indicado. Cuando por fin todos estuvieron alrededor del cuerpo, inclusive el Hilario Sánchez que había
vuelto de sus vacaciones, en ese momento, reinó la desesperación.

-¡Es él! Afirmaban todos, es Don Hilario, el mismo...

-De golpe se hizo silencio, y todos voltearon sus caras para ver la reacción de Hilario. Fue entonces cuando, después de un largo e incómodo silencio, lentamente, Hilario se esfumó. Simplemente desapareció...

Desde ese día, reina en la tierra de nadie la leyenda de cómo, durante más de medio año, todo el pueblo se estuvo relacionando con nada menos que... el fantasma de Hilario Sánchez, con su espíritu, con su alma, y por fin todos entendieron lo que significaba. El amor de Hilario por la gente que lo rodeaba era tal, que lo mantenía pegado a ella más allá de la muerte.

(*) La autora tiene 14 años y es alumna del Colegio Inmaculada de La Plata

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno. Muy bien escrito. No decae la tensiòn de la trama.

Anónimo dijo...

¡Que original el cuento! Me sorprendió muy gratamente ver la edad de los escritores (muchos adolecentes), y el vocabulario empleado empleado en estos cuentos. Una muy buena iniciativa del diario para reactivar el uso del lenguaje, en estos tiempos en que los mensajes de texto lo están perjudicando.

Anónimo dijo...

La verdad que el cuento me parece magnifico. Comparto la opinion de los comentarios anteriores. Felicito a todos los que mandaron cuentos, no solo a los que fueron publicados, sino a todos.

Anónimo dijo...

El cuento esta buenisimo, esta muy bien expresado.La verdad te felicito

Pupi dijo...

Muy bueno el cuento. Es muy original y atrapante.

Anónimo dijo...

mili esta re bueno el cuento
me parece muy original.che encerio me sorprendio que escribas cuentos como estos,no te tenia haciendo esto en tus ratos libres. segui asi. :)