
Por Marcos Zocaro
El hombre camina a paso firme hacia el final del interminable pasillo. Sus pasos y su semblante son los de alguien que sabe perfectamente lo que hace. Ni la oscuridad ni el silencio que se van
apoderando del lugar a medida que avanza lo perturban. Ni siquiera lo logra el frío que le recorre todo el cuerpo y que nace de la pistola en su mano derecha. No conoce los escrúpulos, ni mucho menos la piedad.
Sigue avanzando y a medida que el pasillo se hace más estrecho, la puerta blanca se agranda. A sólo unos pasos de su objetivo, recuerda la fotografía que le fue enviada por correo y la contrapone mentalmente con el rostro de la mujer que vio entrar hace minutos, asegurándose así de que efectivamente ella sea el blanco. No debe cometer errores: es un profesional y no le pagan por fallar. Finalmente, el timbre rompe el frágil silencio reinante, y su eco estremecedor recorre todo el pasillo. La mujer detrás de la puerta (bellísima y de unos cuarenta años) ni se imagina que al abrirla lo único que hallará será su propia muerte.
1 comentario:
YO me llamo constanza levy... coincidencia?
Publicar un comentario