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jueves, 14 de febrero de 2008

Despedida de soltera


Por Alejandra Castillo

Sería bueno que empezara a revisar mis principios; y no hablo de los universales, sino de los cotidianos, los que identifican y regulan los actos con la fuerza de las leyes de la genética. A saber: jamás le digo a una madre que su bebé califica para la próxima de Allien (no lo duden, ya va a llegar); no como pizza si no es con cerveza; ajusto el paso si alguien me “apura”; no rechazo el convite a una fiesta, ni a un hombre que me haga reír.

Si enumero apenas estos cinco, es porque el 60% de ellos me metieron en este rollo y vale su mención para introducirlos, a ustedes, en el relato.

Era lunes al mediodía cuando Marcela se acercó al escritorio en el que yo transcribía a una planilla los números de trámites psiquiátricos de la obra social para la que trabajábamos desde hace varios años. Su antigüedad era menor a la mía, aunque nuestros sueldos y categorías corrían a la inversa. No era por eso que ella me irritaba. Era más bien su exceso de femineidad, corrección y simpatía. No soy tan necia como para no reconocer la virtud en cada uno de esos enunciados, pero combinados pueden resultar tan nauseabundos como una lluvia de Anais

- Anais en un ascensor atiborrado y lento. Por cierto, ése era su perfume, cuyo vaho me anunció su presencia antes de que se plantara a mi lado. Eso, y su andar sobre tacos de 3 centímetros, sin tapitas.

-Lucía... ¿cómo estás?

-Luchando con esta pila. ¿Vos?

-Bien. ¿Sabías que me caso, no?

-Si, creo que ya te felicité, y puse para tu regalo.

-No, tonta, no es por eso. Mis amigas me están organizando una despedida de soltera para este viernes. Les pasé tu número, pero no pudieron ubicarte.

-Me desapareció el celular- dije. Y era verdad.

-Qué pena... bueno, no importa. Estás avisada, es el viernes, desde las 10, en una casa quinta que me alquilaron para la ocasión.

Y mientras me extendía el papelito con la dirección, no pude evitar la pregunta.

-¿Pero vos no te casás por civil el jueves?

-Sí, pero la iglesia es el sábado y antes nadie podía. Además, me mudo a lo de Darío cuando volvamos de las Canarias.

¿Te conté que ahí vamos de luna?

Cómo no saberlo. Antes de irse, Marcela me advirtió:

-Ah, por favor, no le cuentes de esto a nadie. Sabés que no me llevo bien con las mujeres de la oficina.

Eramos cinco y como me suponía en aquel grupo, me sorprendió ser la “elegida”.
Pero no puedo concentrarme en nada que no me importe más que un par de minutos, de modo que guardé el papelito en el bolso y volví al tedioso listado.

A las 9.00 PM del viernes estaba terminando de arreglarme cuando sonó el timbre de mi casa. Miré por la mirilla sabiendo de antemano lo que iba a ver (el cedro de la puerta no era a prueba de Anais- Anais): la cara fresca, prolija y sonriente de Marcela.

-No sabés lo que me pasó- lanzó a modo de saludo-; andaba cerca de acá y se me rompió el auto. La grúa va a demorar por lo menos dos horas y no quiero hacer esperar a nadie. ¿Podés llevarme?

-Claro, si no te importa esperar.

-No. ¿Puedo pasar al baño?

Poco más de una hora después estábamos en la casa-quinta, demasiado amplia para las seis invitadas, incluyéndome. Volvió entonces esa sensación de estar fuera de lugar, ahogada rápidamente en la sucesión ininterrumpida de daikiris que me ayudaron a soportar la rutina de esta clase de eventos. Por ejemplo, la exhibición de juguetes sexuales que la vida del 90% de las casadas excluye y la referencia a “alocadas” experiencias de la soltería, que, de ser veraces, jamás hubieran colocado a una dama en aquel brete de usar un disfraz de conejita entre mujeres
ebrias. Porque así estábamos hacia las cuatro de la mañana, hora en la que a Marcela se le ocurrió trasladar al parque a su media docena de invitadas.

-Juguemos al tiro al blanco- gritó, y a nadie más que a mí se le ocurrió interrogarla ¿te volviste loca?

-Ay, Lucía, ¿dónde está ese espíritu aventurero?, justamente vos...

-¿Yo qué? Trabajo en una oficina, voy a la ginecóloga una vez al año, nunca me tiré de un paracaídas- y hubiera seguido toda la noche, si Marcela no me hubiese interrumpido.

-Dale, tiremos. Ahí puse unas botellas y tengo dos armas. Vos y yo. A ver esa puntería- dijo, y me ofreció una pistola negra.

Miré a esas otras cinco desconocidas en busca de una aliada que no encontré. Y acepté el convite. No sé cuántas veces disparamos, diez, o doce. Me sorprendió que Marcela recargara las armas con destreza y que la suya no sonara como la mía, pero había tomado mucho, demasiado.
Creo que a las 6 de la mañana la novia me acompañó hasta el auto y estirándose desde la puerta del acompañante me dio un beso, agradeció mi presencia y me deseó buen viaje. No había dormido ni cuatro horas cuando me despertó el timbre.

Era la Policía. Me mostraron una orden de allanamiento, me informaron que estaban investigando el crimen de Darío Cáneva y que debía acompañarlos hasta la DDI. No entendía nada. El día anterior había estado en el departamento de Darío, como todos los viernes, de 6 a 8 de la noche. Su casamiento con Marcela no había alterado esa semana la rutina, ni lo iba a hacer
cuando volviera de Canarias. El me hacía reír; amaba el galope de su corazón en mi espalda.

Encontraron mi celular en su casa y mis rastros en su cama. Su sangre, en una remera escondida en mi baño. El arma que lo mató, debajo del asiento del acompañante de mi coche. Mis huellas en la empuñadura. Y restos de pólvora en mis manos. No hubo un solo testigo que respaldara
mi historia de aquella noche. Marcela pasó la prueba del dermotest y ahora disfruta de su herencia. Y yo aquí estoy, revisando los estúpidos principios que me trajeron a esta celda.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

esta muy bueno. exelente final.

Tokiiro dijo...

me gusto mucho, realmente impactante el final, me quede pensando =)

Anónimo dijo...

http://sutterkahne.blogspot.com

saludos

Despedida Soltero dijo...

Informative content, In bachelor party you can drink all night but between the beer and the strippers, wouldn't it be fun to have a few bachelor party games such as Despedida Soltero.

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Anónimo dijo...

Esta bacan pero q deverdad esta en la carcel