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lunes, 14 de enero de 2008

Pablo López y el asesinato de la abuela Tonson


Por Jerónimo Larsen (*)

Soy el detective Pablo López y ya de chiquito me gustaba resolver casos, como quién se comió la última porción de torta en casa, quién se robó el lápiz de Juan, quién perdió la cámara de fotos, quién rompió el florero de la abuela, y muchas otras cosas más.

Ahora, con muchos más años, vivo con mi señora Amalia. No tenemos hijos. En aproximadamente 60 días, junto a ella como ayuda, resolvimos los casos que me dieron por descifrar; tanto los más difíciles como los más fáciles, porque también está estudiando la carrera de investigadora en el Instituto de Detectives y Buscadores de la Argentina.

En estos últimos años, meses, días, me está yendo muy bien con respecto al trabajo por algo que me pasó hace 48 meses, y justamente en una época en la que pensaba que estaba acabado.
Estas cosas sucedieron repentinamente y al ser tan buenas para mi vida, en general, yo las comparto con vos... Era la navidad de 2004, yo estaba en mi departamento festejando solo, como era antes mi costumbre, ya que era soltero y un pobre detective sin trabajo desde hacía ya un par años.

Cuando estaba a punto de quedarme dormido en el sillón rojo que tenía, sonó el teléfono y lo que me pregunté, fue lo que seguro se preguntan todos a los que los llaman a las 2.30 de la mañana: ¿¡Quién es a esta hora!? Pero dejé de preguntarme cuando escuché la voz del comisario Caña que me hablaba de la comisaría 9na, y pensé que al fin, después de tanto tiempo, se me asignaba un caso. Había pensado bien.

El me anunció de un asesinato, despacio, con voz gruesa y estas palabras:

-Los testigos aseguran que se apagaron las luces de repente; se escuchó un grito y después de casi un minuto, volvió la luz. Durante esos segundos, habrían secuestrado a la abuela de 76 años. La familia buscó en la cocina, donde estaba la esposa del dueño de la casa, en eljardín, donde estaba el dueño de la casa, en el living, en la sala de cuadros, en el taller, en el estudio, hasta que llegaron al baño, y ahí encontraron el cadáver con un cuchillo en la extremidad inferior izquierda y con el tórax lastimado.

Los familiares, destrozados, llamaron a la comisaría y te llamé a vos. ¡Ah! Allá te vas a encontrar con los peritos...”. La calle es Avenida Siempre Viva al 2314.

-Bueno, ya voy para allá- le dije.

-Chau, apurate- me respondió él.

-Chau, chau- le volví a decir. Mi Fiat 600 y yo tardamos en llegar nada más que 5 minutos con 13 segundos, por la emoción y por el interesante y curioso caso que me había tocado después de dos muy largos años.

Cuando llegué había un clima muy tenso que no vivía desde hacía mucho; gente llorando, gritos de desconsuelo, etcétera. Como me anticipó el comisario, estaban los forenses y uno de ellos me dijo en voz muy baja, para que la familia no escuchara, que determinaron que la víctima murió desangrada tras veintitrés puñaladas.

Empecé a buscar pistas e interrogué al hermanastro de la señora y comentó que ella tenía una herencia multimillonaria que en el día de su muerte quedaría en manos de su hijo Alberto. También dijo que su hermano (el de la señora), Federico, estuvo al lado de ella durante el festejo, y su esposo Carlos a muy pocos centímetros del interruptor de luz. Por eso decidítener en la mira a esos tres sospechosos,pero al hermanastro también, ya que él me comentó eso y podría querer “taparse” con los demás. Igual, a lo dicho por el señor, interrogué a mis sospechosos,excepto a él. Ninguno asintió mis preguntas.

También busqué en cada rincón de la casa, en cada espacio vacío, hasta que encontré un guante de hule manchado con un poco sangre en el pasillo de la mansión. Lo primero que pensé fue que lo utilizaron para que no se observaran huellasdigitales en el cuerpo ni en cualquier lugar esencial para resolver el asunto. Después de esto, me apersoné en el bañoy vi que había varias hojas de árboles desparramadas por todo el lugar y una ventanilla abierta, por donde podría caber una persona muy delgada y al único lugar que conducía era al jardín. Con respecto a eso recordé lo dicho por Caña, que el dueño de la casa estaba en eljardín; por eso me di cuenta de que era el hijo, Alberto, el asesino de su propia madrey hubo 2 pistas fundamentales que lo destaparon.

Grité su nombre, me di vuelta y vi quitarse la vida a Alberto, sabiendo que lo había descubierto.
Bueno, esa es la historia de mi buena carrera. En este momento estoy pensando en abandonar esto, más o menos en un año, así tengo un poco de tiempo para mi esposa y mis futuros hijos.


(*) El autor tiene 12 años, es platense y concurre a la escuela San Vicente dePaúl. La idea original del dibujo también es suya. Colaboró con la ilustración Damián Soriano

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encantó este cuento, me parece uno de los mejores.Además, cuenta con que el autor es chiquito y le da un punto muy valioso.
Una de las cosas que más me gustó fue que en el principio tiene gracia y termina con un final muy lindo.
...es muy bueno de verdad...

Anónimo dijo...

Me gusto mucho el cuento.Lo imprimi y lo lleve a la escuela.Me gusto mucho